Thursday, October 29, 2009
EL DOCTOR, MINCHO Y DOÑA JUANITA
Herman Beals
En Chanco y prácticamente en toda esa región costera de Maule, había dos automóviles y una micro, como se llamaba entonces a los autobuses.
Uno de los autos, un Ford, pertenecía al doctor Pedreros, quien era el único médico del hospital y a quien todos querían y respetaba porque nunca dejaba de atender a un enfermo, muchas veces sin cobrar por sus servicios.
El doctor era un hombre jovial, amable, bueno para el vino tinto y gran contador de chistes y anécdotas.
Con sus anécdotas se podrían haber escrito volúmenes. Yo era un muchachito entonces, pero recuerdo con gran cariño lo que el doctor Pedreros contaba sobre su hijo mayor, que creo se llamaba Benjamín, pero a quien todos le decían Mincho; y una de sus pacientes.
Una señora llegó al consultorio y pidió ver al médico , diciéndole “Mincho, doctor, Mincho”.
El doctor la examinó y le explicó: “Señora, usted no está hinchada. Está embarazada”.
La mujer lo miró y le replicó: “Doctor, eso es lo que le he estado tratando de explicar. El culpable de mis males es “Mincho”.
En el vernacular campesino chileno, el médico había creído oir “Me hincho”. El buen doctor nunca contó como había terminado la historia.
El otro automóvil era un elegante Buick y pertenecía a doña Juanita Fernández, una mujer adinerada y muchas décadas más avanzada y liberal que sus conservadoras compatriotas.
Doña Juanita se teñía el pelo rubio, se vestía con pantalones negros siempre bien planchados, usaba blusas multicolores y numerosos brazaletes que emitían sonidos musicales cuando accionaba con las manos.
Doña Juanita tenía un hermoso fundo cerca del faro de Punta Carranza, que en el siglo XIX orientaba a los buques que se acercaban mucho a la costa, azotada por olas furiosas.
Otra de sus propiedades estaba en el camino de Chanco a Cauquenes, que ese tiempo era la capital de la provincia de Maule. Ese terreno, cubierto de pinos se llamaba “Tierras de Panllevar” por lo rojizo de su suelo.
Una vez, doña Juanita regresaba desde Cauquenes y más o menos donde estaba la entrada a las Tierras de Panllevar, la pasó un camión que no le dejaba ver la carretera debido al polvo que levantaba. Pasarían muchas décadas antes de que la ruta fuera pavimentada.
Doña Juanita soportó el polvo durante algunos minutos, pero cuando las curvas se pusieron peligrosas, no aguantó más: bajó la ventana de su Buick, sacó el revólver que siempre llevaba consigo, apuntó y reventó las dos ruedas traseras del camión, y siguió ya sin problemas de visión.
“Le pagué las ruedas después”, comentaba, riéndose.
Monday, October 26, 2009
Escalera Al Cielo
Herman Beals
Texas
Si los texanos pudieran juntar todos los restos de maquinaria petrolera y agrícola, vehículos viejos y molinos extractores de agua abandonados que hay en los patios de sus casas, y hacer con ellos una montaña de ruinas, probablemente podrían llegar al cielo.
En todos mis viajes al gran estado de Texas, siempre me ha maravillado la cantidad de hierro enmohecido que hay en esos equipos, camionesd y automóviles dejados a su suerte después que dejaron de ser útiles.
No es que los texanos sean sucios. No hay montones de basura entre las ruinas, como sucede en partes del estado de Nueva York, por ejemplo o en algunos sectores de Filadelfia, la ciudad del eterno amor pero también de la decadencia ruinosa.
El lema del estado es un amenazante “Dont mess with Texas”, lo que, en su sentido orginal quería decir que nadie debía meterse, militar o políticamente con la región, en la que todavía hay resabios de república independiente, separada de Estados Unidos.
En la actualidad, el lema de “No se metan con Texas”, se aplica más bien al medio ambiente y la necesidad de mantener el estado limpio. Es un juego de palabra, porque “mess” usada como sustantivo significa basura, desperdicios.
Los texanos son orgullosos de su tierra, generadora de de petróleo, vacas y productos agrícolas y, en el pasado, de los tradicionales “cowboys” hechos legendarios primero por los relatos de Zane Grey y, después, por John Wayne y sus películas basadas en su creencia de que “un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer”.
El petróleo ha ido desapareciendo, pero las vacas todavía siguen existiendo en grandes cantidades en los campos texanos. Los vaqueros ya no andan más a caballo; ahora usan jeeps y camionetas, pero su función es la misma: cuidar el ganado, asegurarse de que los pozos proporcionen agua en la tierra a veces semi desértica, que los terneros sigan a sus madres y que, cuando llegue la hora, los animales sean llevados a corrales para su venta y su sacrificio final.
En medio de este paisaje de maquinaria abandonada, pozos petroleros secos, molinos de viento cuyas aspas no han rotado desde hace años, millones de vacas, cabras y ovejas, Texas se ha alzado como un estado de inmensas riquezas tecnológicas, científicas y electrónicas que generan un producto interno bruto similar al de la India o Canadá.
Sus ciudades son modernas y su población es una mezcla de todas las nacionalidades con prominencia de mexicanos que, por algo, eran los dueños del amplio territorio hasta que lo perdieron en el pasado.
Todo eso es evidente a simple vista. Los texanos se ufanan de que en su estado “todo es más grande”, y en cierto modo lo es. Las distancias son enormes, un café “pequeño” equivale a un café “grande” en otras partes. La amabilidad de su gente es legendaria, como también lo es su seriedad cuando llega el momento de serlo.
Y en medio de todo esto, para un observador llegado de otras tierras, como yo, las maquinarias abandonadas y la escalera al cielo que podría construirse con ellas, no dejan de maravillar.
Tuesday, August 4, 2009
Castro y Obama
Por Herman Beals
NUEVA YORK. Que Raúl Castro diga “yo no fui elegido” para abandonar el socialismo en Cuba es el colmo de la insolencia y el cinismo.
Y que el gobierno estadounidense de Barack Obama trate de hacerse amigo de los hermanos dictadores de Cuba es el colmo de la ignorancia y la estupidez.
Los mismos cubanos están divididos sobre la conveniencia de mantener el embargo a Cuba y de hasta haberlo aplicado hace medio siglo.
El bloqueo económico no puede atribuirse a Obama ya que más de media docena de presidentes –demócratas y republicanos—lo han mantenido y alimentado desde que fue impuesto hace 47 años. Pero sí se puede acusar al actual gobierno de hacer concesiones a la tiranía cubana sin obtener nada a cambio.
Como sucede con los musulmanes extremistas y otros grupos que odian a Estados Unidos, Obama está dispuesto a ser insultado por el régimen comunista cubano a cambio de una fútil búsqueda de simpatía.
Raúl Castro, al igual que el hermano que, descaradamente lo instaló en el poder cuando sus intestinos no lo dejaron seguir al frente del gobierno, ni siquiera puede ser llamado presidente. Muchos menos decir que fue “elegido” para mantener el comunismo.
“Tengo que decir con todo respeto a la señora Clinton que a mí no se me eligió Presidente para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar la Revolución. Fui elegido para defender, mantener y continuar perfeccionando el socialismo, no para destruirlo”, dijo Raúl Castro ante la Asamblea Nacional, otro organismo tan falto de democracia como la presidencia cubana.
Castro, quien antes de heredar el cargo era considerado pusilánime y hasta homosexual por muchos de sus compatriotas, mostraba ahora la suficiente "valentía" como para enfrentar a Hillary Clinton, la secretaria de Estado encargada de ejecutar la política de su jefe y ex rival, Barack Obama.
Esa política se define casi en todos los casos con una palabra: concesiones.
Y de eso se están aprovechando los dictadores del mundo, desde Irán a Cuba.
Mientras Raúl Castro proclama ante sus camaradas comunistas de la Asamblea Nacional que “estamos dispuestos a hablar de todo... menos de negociar nuestro sistema político y social”, Estados Unidos sigue haciendo concesiones.
Para que el régimen comunista no se sienta “ofendido” por el cintillo electrónico que ofrecía noticias sin censura en la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, el gobierno de Obama ordenó apagarlo.
Y como otros gestos de buena amistad, Obama ha decidido reanudar las conversaciones sobre emigración y permitir que los cubanos que viven en Estados Unidos viajen libremente y envien dinero sin restricciones a Cuba.
Probablemente el envío de dólares es una buena causa, porque evita que muchos cubanos prácticamente se mueran de hambre, pero al mismo tiempo ayuda a subsistir a la dictadura.
En el mismo discurso en que Castro hizo saber a Estados Unidos que Cuba seguirá siendo comunista –aparentemente no convencido por los gestos conciliatorios de Obama y Hillary Clinton— anunció a sus compatriotas que su régimen había decidido recortar aún más el presupuesto fiscal, como si eso fuese posible.
Los cubanos están sumidos en la mayor miseria económica de los últimos 20 años, pero su dictador comunica a Estados Unidos que el comunismo no está en venta, no importa que Obama esté colocando la otra mejilla, como ya lo ha hecho con otros enemigos desde que llegó a la Casa Blanca.
Monday, July 27, 2009
Se acaba la luna de miel
Se acaba la luna de miel
Por Herman Beals
Hay lunas de miel que terminan la noche de bodas. Con la entusiasta ayuda de sus padrinos en la prensa, la de Barack Obama ha durado casi seis meses, pero hay múltiples indicios de que la bonanza podría estar en una peligrosa etapa de descenso para el carismático pero inexperto presidente demócrata.
El plan de transformar el cuidado de la salud para darle un fuerte toque socialista y el cada vez más voluminoso deficit fiscal han debilitado al presidente.
Los partidarios del mandatario aseguran que Obama sigue tan popular como cuando llegó a la Casa Blanca el 20 de enero. Pero los números desmienten categóricamente esas afirmaciones optimistas.
La respetada encuesta Rasmussen reveló en la última semana de julio que sólo el 29 por ciento de los votantes apoya ahora sólidamente al presidente, mientras que quienes lo desaprueban, también firmemente, han subido al 40 por ciento entre los electores.
Eso es un índice negativo del 11 por ciento, la primera vez que el mandatario es afectado por una brecha de impopularidad de dos dígitos, señaló Rasmussen.
Pero no es sólo el proyecto de ley sobre el cuidado de la salud y su afán por gastar el dinero de los contribuyentes lo que está dando dolores de cabeza al presidente. Es también su desafortunada incursión en el delicado terreno de las relaciones raciales, un tema a menudo llamado el riel electrificado para los políticos por la sensibilidad que despierta.
Sin estar bien al tanto de los detalles, Obama calificó de “estúpido” al policía blanco de Massachusetts que detuvo a un profesor negro de la Universidad de Harvard durante un confuso incidente en la residencia del catedrático, quien es amigo del mandatario.
El profesor, Henry Louis Gates Jr., profirió amenazas y se quejó a los cuatro vientos que había sido arrestado por ser negro y que el sargento James Crowley había estado poniendo en ejercicio la práctica conocida como “perfil racial” contra los negros y los latinos al actuar contra su persona.
Para mala suerte del presidente, la policía había ido a la residencia del profesor para tratar de esclarecer una denuncia de que alguien estaba tratando de entrar por la fuerza a la casa. El sargento y sus acompañantes no podían saber que era el profesor quien había tenido dificultades para abrir su propia puerta.
El profesor cruzó palabras con la policía, y el sargento, probablemente de manera precipitada, lo arrestó. Pero el incidente no fue una estupidez, como proclamó el mandatario, sino una operación para proteger la propiedad privada.
Tampoco ayudó al presidente el hecho de que una vez Crowley trató de resucitar a un basquetbolista profesional negro de Boston que se desplomó, y falleció luego durante una práctica de entrenamiento. Además de eso, el sargento dicta clases en una academia policial sobre la impropiedad del “perfil racial”.
Para tratar de calmar los áninos, Obama invitó al sargento y al profesor a tomar una cerveza en la Casa Blanca. Ambos aceptaron, pero el mal ya estaba hecho.
Los problemas con sus propios correligionarios para impulsar la reforma médica en el Congreso, las denuncias de que está endeudando al país por dos o tres generaciones y las críticas de ciertos sectores de la prensa que antes lo adulaban, han quitado impulso al político que hasta hace poco parecía intocable.
En las próximas semanas o meses podría surgirle un problema adicional. La ahora ciudadana Sarah Palin pareciera tener la intención de hacer campaña por los candidatos republicanos conservadores ahora que ya no es más gobernadora de Alaska, y es posible que Obama esté en su mira.
Esa intención quedó de manifiesto durante un picnic de despedida en su pueblo de Wasilla cuando declaró, en medio de los entusiasta aplausos de los presentes y en obvia referencia a las excusas
de Obama por acciones de gobiernos que le precedieron en la Casa Blanca, que “debemos continuar amando a nuestro país, debemos estar orgullosos de nuestro país y jamás pedir disculpas por nuestro país”.
Música para los oídos de los conservadores. Otra causa de preocupación para Obama.
Wednesday, May 13, 2009
La popularidad de Obama Encuestas versus realidades
La popularidad de Obama
Encuestas versus realidades
Por Herman Beals
NUEVA YORK. El mismo día que se informaba que Estados Unidos deberá pedir prestado 43 centavos por cada dólar que gaste para poder llevar a cabo los ambiciosos proyectos de Barack Obama, la Encuesta Gallup revelaba que la popularidad del presidente había subido del 63 al 66 por ciento en la primera semana de mayo, aunque el endeudamiento del país provoca serias preocupaciones e interrogantes sobre el comportamiento del gobierno demócrata.
La explicación para esa clara contradicción residiría en que la personalidad de Obama sigue entusiasmando a una alta proporción de sus compatriotas y en el hecho de que el mandatario se esfuerza por cultivar su imagen populista.
Los altos números de Obama no son nada nuevo en la historia de los presidentes norteamericanos. Otros, incluso han sobrepasado su 66 por ciento en los primeros meses de gobierno sólo para declinar estrepitosamente con el paso del tiempo. Así sucedió con George W. Bush y hasta con Jimmy Carter, quien es conocido y admirado en el extranjero por su defensa de los derechos humanos pero que, internamente, está considerado entre los más ineptos gobernantes que hayan pasado por la Casa Blanca.
Obama no pierde la oportunidad de achacar todas las miserias financieras actuales a su antecesor, y eso también le atrae simpatías entre sus compatriotas, pero con cada día que transcurre, la “economía de Bush” pasará a ser “la economía de Obama”, con todos los riesgos que ello trae aparejados en estos tiempos de profunda recesión y multibillonario déficit fiscal.
Con el desempleo bordeando el 9 por ciento, la industria automovilística y el sector de la vivienda en ruinas, dos guerra en marcha (en Iraq y Afganistán), con algunos de los más importantes bancos aún en necesidad de ayuda, y con los norteamericanos con poco ánimo de incurrir en gastos que no sean estrictamente necesarios, las difíciles condiciones económicas podrían perdurar más allá de los optimistas cálculos iniciales del gobierno.
Aún así, Obama y su Partido Democrático confían en que la recesión habrá terminado, o por lo menos se habrá atenuado con antelación a los comicios legislativos y de gobernadores del próximo año, conocidos como elecciones de medio término, a fin de mantener la clara mayoría que tienen en el Congreso, que es vital para la agenda de centro izquierda del actual gobierno.
Es posible que ello ocurra, dado las enormes sumas comprometidas por el gobierno para estimular la economía y por los ciclos tradicionales de alzas y bajas financieras en Estados Unidos. Pero lo que no se irá son las monumentales deudas en que están incurriendo Obama y su mayoría legislativa.
Sólo días después de que Obama había declarado que su gobierno rebajaría los gastos federales en 17.000 millones de dólares mediante recortes que afectan principalmente al sector de defensa, El orgullo con que se hizo ese anuncio se transformó en vergüenza cuando la Casa Blanca confesó que se había quedado corta en sus cálculos presupuestarios y que había que agregar 89.000 millones de dólares a la columna de gastos para llegar a un déficit sin precedente de 1.800 billones de dólares.
Para que los admiradores del presidente no se sientan defraudados por las perturbadoras cifras, el gobierno, para variar, volvió a culpar a Bush de la debacle.
En gran parte el déficit es causado por la crisis económica heredada por este gobierno, afirmó el director del presupuesto, Peter Orszag.
Aparentemente el 66 por ciento que admira a Obama todavía cree en esa explicación. Pero, en opinión de muchos, la excusa se está tornando repetitiva y poco convincente.
Tuesday, April 21, 2009
Obama y la Cumbre de las Américas
Por Herman Beals
NUEVA YORK. Mientras el presidente Barack Obama trataba de hacer nuevos amigos durante la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, en su país miles de personas participaban en “tea parties” en cientos de ciudades de Estados Unidos para protestar contra sus inflamados presupuestos por considerar que endeudarán excesivamente a los norteamericanos durante dos o tres generaciones.
El nombre de las manifestaciones, que han ido creciendo con el transcurso de las semanas, se deriva de la protesta en Boston en 1773 contra los impuestos aplicados por los británicos en los albores de la independencia de Estados Unidos. Ese histórico acto de repudio es conocido como “Tea Party” .
El 16 de diciembre de ese año, los indignados colonos abordaron tres barcos británicos cargados con te sujeto a nuevos impuestos y arrojaron ese producto a la bahía de Boston. El acto se constituyó en un hito en la historia estadounidense y es invocado a menudo como protesta contra el poder del gobierno.
Los opositores acusan a Obama de comprometer el futuro del país con trillones de dólares en deudas para pagar sus ambiciosos programas sociales, al mismo tiempo que incrementa el papel del gobierno en la vida del ciudadano común, como ha quedado ya de manifiesto con las medidas que ha tomado para tratar de contener la actual crisis económica.
Los honestos esfuerzos de Obama posiblemente le acarrearán simpatías en el resto del continente, pero en su país los opositores del mandatario demócrata han tenido duras palabras por su actitud sumisa frente a enemigos declarados de Estados Unidos, como el venezolano Hugo Chávez y el nicaragüense Daniel Ortega.
Lo que más irrita a los republicanos y conservadores en general es que, al proclamar un nuevo amanecer para las relaciones continentales, de hecho está acusando al gobierno anterior de George W. Bush de haber contribuido a agriar los sentimientos entre Washington y los vecinos sureños.
Eso puede ser cierto, pero la verdad es que la actitud recelosa de los latinoamericanos y los caribeños de habla inglesa contra Estados Unidos no se inició con Bush. Ha existido, con diferentes graos de intensidad, casi desde casi el mismo momento en que los países del hemisferio fueron conquistando su independencia.
La actitud de Obama es que todo ha cambiado con su llegada a la Casa Blanca y que ahora trata a los demás países de igual a igual y no con un sentido de “súper potencia” como ocurría antes.
La explicación suena razonable para muchos, pero al mismo tiempo molesta y parece hipócrita a los opositores del mandatario por estimar que trata deliberadamente de restar importancia a su propio país y, porque, en la realidad, Estados Unidos sigue siendo la misma potencia que era antes de que él llegara al poder, crisis económica o no.
La Casa Blanca y la gran prensa –que contribuyó decisivamente a la elección de Obama—trataron al comienzo de restar importancia e incluso ignorar las protestas semanales contra las proyectadas alzas en los impuestos, pero tuvieron que reconocer la existencia de las manifestaciones después de las realizadas en las calles de cerca de 800 ciudades para que coincidieran con el 15 de abril.
Esa fecha es el último día que tienen los estadounidenses para declarar sus impuestos del año anterior y los manifestantes aprovecharon la ocasión para realizar sus más multitudinarias protestas hasta el momento.
Nadie sabe con exactitud si las “tea parties” tendrán repercusiones políticas, pero los republicanos, que no sólo perdieron la Casa Blanca sino que están en minoría en ambas cámaras del Congreso, han recibido las manifestaciones con los brazos abiertos por considerar que se trata de genuinas protestas contra las medidas impulsadas por el popular presidente.
Si es así o no, habrá que esperar hasta las elecciones de “término medio” del año 2010 para determinar si las protestas han hecho mella en el gobierno demócrata. En esos comicios se reemplazará la totalidad de la Cámara de Representantes, un buen número de senadores y la mayoría de los gobernadores estatales.
Por ahora, Obama disfruta de sus nuevos amigos, entre ellos Chávez, quien hasta hace poco lo consideraba “ignorante” y que ahora lo alaba como “inteligente”. Por si acaso, el presidente venezolano que aspira a gobernar para siempre a su país, le regaló a su nuevo camarada un libro que reseña las injusticias centenarias cometidas por Estados Unidos y Europa contra caribeños y latinoamericanos.
En cuanto a la Cumbre de las Américas, que comenzó con un nombre equivocado porque hay una sola América y no varias, (un hecho aceptado dócilmente por los latinoamericanos para satisfacer a Estados Unidos) sus resultados fueron modestos. Paradójicamente, el mayor beneficiado podría haber sido para el único gobierno ausente de las deliberaciones, el de Cuba, con Obama mostrándose dispuesto a conversar con La Habana, aunque todavía no con los brazos abiertos, como deseaban los más ardientes partidarios de la dictadura castrista.